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Rodríguez,
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| Nuestros Héroes Venezolanos |
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Por: José Rosario Araujo y |
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Yo conocí a Simón cuando era solamente un chamito, de él les puedo contar que la primera vez que lo vi se veía tan falto de cariño que me conmovió y pensé que ese niño necesitaba un amigo.
Me convertí en su amigo y poco a poco logre que ese carácter tan rebelde se apaciguara, me interese por sus cosas, le pedí que me contara sus sueños y más que ser su maestro logre ser su amigo.
Con él utilice una teoría que había leído en un libro de un europeo llamado Rousseau titulado “Emilio”, le di clases en plena naturaleza para que de esa manera se fortaleciera su espíritu y su cuerpo. No le hable ni de obligaciones, ni de tareas, ni de lecciones, ni de horarios. Dialogue y trate de compenetrarme con él.
Nos trasladamos a la Hacienda de San Mateo y caminamos, nadamos y montamos a caballo por eso mi alumno fue el mejor jinete que haya pasado por estas tierras. La educación se la daba en cualquier parte y de esa manera fui forjando la personalidad del hombre más grande de la Independencia americana.
Como recuerdo lo que viví, enseñándole a ese muchacho la importancia de la libertad, sembré en él esa inquietud de que su país y toda la América debía de ser libre y sacudirse las cadenas que nos ataban de España que no nos daba nada sino nos quitaba las riquezas de este continente.
El pequeño Bolívar iba asimilando mis enseñanzas y un día ya siendo El Libertador me escribió diciendo: “Ud. Maestro mío formó mi corazón para la libertad.”
Pasaron los años y me lo conseguí en Viena, Simón estaba deprimido, solo y para él la vida valía poco, acababa de perder a su esposa. Volviendo atrás recuerdo que conseguí a Simoncito deprimido en un hotel diciendo que no tenía ganas de vivir, entonces le sugerí que buscara un motivo para vivir y ese motivo podía ser la búsqueda de un ideal. Para sacarlo de esa tristeza invente un viaje por Francia e Italia.
En este recorrido que hicimos a pie me permitió acabar de esculpir el alma de mi alumno Simón Bolívar y desperté en él las necesidades de participar y ser protagonista de la liberación de su patria.
Ya había logrado penetrar su alma y en el Monte Sacro fuimos testigos de aquel gran juramento que decía:
Ese muchacho de baja estatura y de cuerpo delgado pero de gran energía lograría la libertad de Venezuela, Nueva Granada, Ecuador y Perú.
Ahora voy a sincerarme con ustedes yo quise a Simón como si fuera mi hijo y quise hacer de él un hombre digno y útil para su país y para su gente y siento gran orgullo al haberlo logrado.
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Por: José Rosario Araujo y |
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