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La política aplicada
por los Estados Unidos
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| BOLÍVAR VISTO HOY | |
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La política aplicada por los
Estados Unidos del Norte, siendo uno de los países capitalistas
altamente desarrollado, ha sido de dominio, de imposición, de vejamen.
Ello ha sido posible debido a la traición al principio nacionalista y de
pueblo de las oligarquías nacionales, las cuales vienen apoyando las
arremetidas imperialistas yanquis. Es por esto que la lucha de los
pueblos, basados en el principio bolivariano debe ser de rechazo, no sólo
a la intromisión norteamericana, sino además, contra los grupos domésticos
que la apoyan. Claro está, esto lo hacen por cuanto son ellos los que se
han beneficiado de las riquezas de nuestros países. Por otra parte, consideramos que el ideal bolivariano con relación a la anfictionía, derivaba de ser conciente en cuanto al papel que estaba desempeñando el coloso norteño; no escapaba a su aguda inteligencia la tendencia expansionista y hegemónica de los estadounidenses, es decir, del poder dominante allí. No fue, entonces, extraño el bloqueo a la realización del Congreso de Panamá, pues ellos se oponían, muy sigilosamente, a través de una política hipócrita, a la creación de una fuerza de los pueblos latinoamericanos, capaz de contrarrestar los intentos colonialistas de la nueva potencia que ya se asomaba en los primeros años del siglo XIX. Las ansias de dominio, ya presentes en el año de 1823, hacen que los gobiernos de los Estados Unidos tracen una política posesionista de Hispanoamérica. Los planes, trazados por Bolívar, bloqueaban estos objetivos, y de allí se desata una grosera campaña contra El Libertador Simón Bolívar. Tanto es así, que el 27 de mayo de 1823, el Departamento de Estado instruía su ministro Richard C. Anderson, Embajador en Bogotá, en los siguientes términos: "...durante algún tiempo han fermentado en la imaginación de muchos estadistas teóricos los propósitos flotantes e indigestos de esa Gran Confederación Americana" (F. Pividal, p.169. 1977) Era importante frenar, utilizando cualquier medio, esa propalada unidad. Al respecto, apunta J. L. Salcedo Bastardo, en su estudio "Bolívar: Un continente y un destino":
Para confirmar, una vez más el recelo de Bolívar en cuanto a la actitud de las potencias interesadas en los asuntos de la Gran Colombia, expresaba:
Visionario el pensamiento de Bolívar. ¿Acaso los Estados Unidos no han querido imponer a los hispanoamericanos sus leyes, sus normas, sus costumbres y hasta su deformada cultura?, o mejor dicho, la han impuesto hasta por la fuerza utilizando a sus marines. Como previendo el desarrollo del capitalismo hacia la dirección imperialista, Bolívar analiza el proyecto de Confederación preparado y cocinado en Lisboa, en donde se insta, a los gobiernos que llamaban de los "nuevos estados hispanoamericanos", y en acuerdo con el gobierno de Buenos Aires, a fin de concurrir a Washington. La respuesta que Bolívar da a este mencionado proyecto de Confederación, explica por sí mismo, sus reservas, de tal manera que en carta dirigida a Bernardo Monteagudo , con fecha 5 de agosto de 1823, expone:
Por el planteamiento anterior podemos inferir que Bolívar tenía un concepto preciso acerca del papel que jugarían las potencias, y fundamentalmente los Estados Unidos, pues, no le basta con señalar de una forma general la situación a la cual serían llevadas las naciones de Hispanoamérica ya emancipadas, sino que a la vez, apunta el siguiente principio: Portugal no es más que el
instrumento de la Inglaterra, la cual no suena en nada, para no hacer
temblar con su nombre a los cofrades; convidan a los Estados Unidos por
aparentar desprendimiento y animar a los convidados a que asistan al
banquete; después que estemos reunidos será la fiesta de los Lapitas, y
ahí entrará el León a comerse a los convidados... En la dilucidación del pensamiento bolivariano y del tratamiento que daba a los habitantes del hemisferio, es importante tomar nota de las significaciones. Así, Bolívar llamaba americanos a los blancos criollos, es decir, a los mantuanos en Venezuela, pero creemos que más bien se refería a las demás castas de colores complejos. Podremos observar tal señalamiento, por cierto, muy mediatizado, según J. L. Salcedo Bastardo en "Bolívar: Un continente y un destino". Este autor expresa que "Los americanos eran personas de segunda clase en sus países"; pero, en esta idea no se aclara debidamente a qué clase de americanos se refiere, pues, si tomáramos en consideración la idea de origen, no cabría duda que se refería a todos los nacidos en América; pero, más adelante, como para basamentar su afirmación, acude a Bolívar, quien enjuiciaría la situación así:
En la Carta de Jamaica ya se vislumbra el derrotero a seguir, pues, considera con propiedad que las "virtudes políticas son esenciales para la construcción de un gobierno firme, y que dichas virtudes deber estar depositadas en aquellos hombres con talentos y virtuosos a la vez", sacando como conclusión que "...los sistemas enteramente populares, lejos de ser favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina". Desde nuestro punto de vista, Bolívar no participaba enteramente por la construcción de una república realmente fundamentada sobre aquéllas bases proclamadas por la Revolución Francesa, en tanto justicia, libertad e igualdad. Parece, más bien, estar de acuerdo con Montesquieu en el sentido de que "...es más difícil, sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre". Por último, podemos señalar que para la fecha de la Carta de Jamaica, 6 de septiembre de 1815, proyectaba la grandeza de la revolución hispanoamericana, la cual no era bien vista por las potencias europeas y los mismos Estados Unidos de Norte América, los cuales se proyectaban como un horizonte hegemónica en el campo mundial. Se expresaba así:
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