|
A pesar de que Bolívar paso mucho tiempo viajando al exterior en sus años
juveniles y luego se convirtió en una especie de guerrero errante,
comprometido en campañas y batallas desde Venezuela al Alto Perú; viviendo
como exiliado, como victorioso patriota, siempre conservó sus libros y
papeles personales.
La afición por la lectura, que desarrolló en Simón Bolívar el eminente
maestro don Simón Rodríguez, lo llevo a convertirse en un entusiasta y
ávido lector.
Una lista de sus libros fundamentales nos indica su interés por los
tratados de filosofía, Derecho, geografía, historia; así como por los
clásicos literarios y muchas biografías (Bonaparte, Washington y otros),
varios tipos de atlas, memorias, ensayos y códigos legales. Todo lo
anterior es una buena muestra de los intereses intelectuales de Bolívar.
El Libertador no solamente compraba muchos libros o los recibía prestados
de sus relacionados. También recibía como obsequio muchas publicaciones,
especialmente de Europa, algunas enviadas por sus propios autores.
José Luís Salcedo Bastardo señala lo siguiente:
“Conocía los clásicos de la antigüedad, griegos y romanos: Homero,
Polibio, Plutarco, Cesar, Virgilio, todos los géneros. Clásicos modernos
de España, Francia, Italia e Inglaterra. Igualmente de los mas diversos
sectores intelectuales: desde filósofos y políticos como Hobbes, hasta
poetas como Tasso y Camoens, pasando por naturalistas como Bufón,
astrónomos como Lalande, economistas como Adam Smith. En sus cartas pueden
hallarse muchos nombres regados con espontaneidad: los enciclopedistas y
planificadores de la revolución francesa, conocidos y estudiados a fondo y
cuya influencia en el credo bolivariano es fácil de señalar: Montesquieu
sobre todo; Rousseau, D Alembert, Condillac, Voltaire.
Manuel Pérez Vila señala otros autores y obras que Bolívar leyó ya los
cuales hace referencia en algún momento:
“En sus escritos aparecen los nombres de José de Acosta, Antonio Solís,
Herrera el de las décadas famosas, del Padre de las Casas, junto a
Robertson, a Humboldt y a Fray Servando Teresa de Mier; autores todos que
tratan de América en sus obras. Las sombras de Pizarro, Garci- González de
Silva, Cortés, Carlos V, o de los Welsares hacen frente a las de
Atahualpa, Huaina Cápac, Manco Cápac, Manaure, Moctezuma y Túpac Amarú. De
las páginas de La Araucana surge Colocolo; y de las leyendas indígenas la
resplandeciente figura de Quetzalcóalt, que estudia el historiador jesuita
Acosta…
En mi Delirio sobre el Chimborazo, que el Libertador escribió hacia 1822,
señala el Dr. Pedro Grases haber hallado analogías de unos sueños de
Quevedo: El Mundo por dentro y por fuera… Por referencias directas o
indirectas, sabemos que Bolívar conocía al Padre Isla- Fray Gerundio- a
Ercila- La Araucana-, posiblemente a Góngora, así como a moralistas y
tratadistas políticos como Garcián y Saavedra Fajardo. Más bien que
leerlo, es seguro que durante su estancia en Madrid vería representar el
famoso sainete parodia Manolo de Ramón de la Cruz, al cual se referiría en
su carta a Olmedo en 1825: “Manolo y el Cid son hermanos, aunque de hijos
de distintos padres. |