BOLIVAR VISTO HOY - Incorporación de las masas populares en la Lucha por la Independencia Revolucionaria y Bolivariana.

"Es una idea grandiosa pretender formar de
 todo el mundo nuevo una sola nación con
  un sólo vinculo que ligue sus partes entre
  si y con el todo"
.                      simón bolívar.

Incorporación de las masas populares
en la Lucha por la Independencia
Revolucionaria y Bolivariana.

BOLÍVAR VISTO HOY

Por: Juan Martorano Castillo (*)

La incorporación plena de los grupos populares a la causa de la independencia fue uno de los problemas que se presento a lo largo de la lucha entre patriotas y realistas ya que no todos los caraqueños, no todas las clases ni las distintas generaciones que convivían en aquellos momentos en la ciudad, coincidían en los alcances del cambio anhelado. El pueblo llano no tenía las mismas razones que los mantuanos para desear la emancipación.

En su primera etapa, la lucha de independencia se convirtió en una guerra protagonizada entre venezolanos de diferentes estratos sociales.

Desde el punto de vista de la aceptación por el país, motivo y destino de tantos sacrificios, los resultados constituyen para el Libertador una decepción. Las masas no acompañan el proceso nuevo con el entusiasmo que sus dirigentes esperaban.

La verdad es que en el inicio, la independencia pareciera apenas un fenómeno de inteligencia para el disfrute de una élite. El pueblo esta ausente y obviamente mudo en el espectáculo que de veras no le convence. Eso, cuando no se halla adscrito a una radical militancia pro- monarquista, en defensa del sistema colonial.

A pesar de la injusticia insita e intrínseca del coloniaje, y sin contemplaciones, para erradicar el descontento que siempre pugnaba a favor de la igualdad y la justicia, hay que reconocer una especial popularidad de la corona borbónica. La cédula de Gracias al Sacar de 1795 que beneficiaba a las clases bajas, las cuales podían comprar sus ascenso a mejores consideraciones, aunaba la confusión político- religiosa que aureolaba al monarca del modo más grato y aceptable posible, eran buenos argumentos sobre la inclinación de éste en pro de los sometidos, así como de su ánimo para reducir e imponerse a los presuntuosos criollos. En las clases superiores hallaba la monarquía su mayor oposición, precisamente por la práctica de congraciamiento con los de abajo.

En sus distintas escaramuzas conspirativas, los prepotentes oligarcas de la nobleza local se toparon con la simpatía decidida de los pardos a favor del rey. Únicamente el 19 de abril de 1810 se da el hecho de que todas las clases concurrieron a un solo fin, con bandera de camuflaje, y es así como al fin se desencadena el proceso de cambio revolucionario.

Pero el hechizo dura poco y, además de las razones que atinadamente Bolívar resume en su Manifiesto de Cartagena como errores imputables a la incipiente administración revolucionaria, algunos factores casuales como el terremoto de 1812, contribuyeron a los reveses de la causa patriota, que sucesivamente se encarnan en Monteverde y Bóves.

La Primera República, que gobierna a Venezuela de 1810 a 1812 no captó a las masas; éstas prefieren acompañar al jefe realista. Las impele el resentimiento, soterrado en canarios y marginales que no se identifican con los nuevos conductores, los cuales, en el fondo, no son otros que los tradicionales señores de la colonia, probablemente ahora más insoportables al desembarazarse de los peninsulares derrocados. El triunvirato de conspicuos valores aristocráticos- Mendoza, Escalona y Padrón-, y luego el extranjerizado y distante Miranda, no fueron capaces de rivalizar con Monteverde y sus huestes en el favor mayoritario.

La Segunda República (1813-1814), ya responsabilidad directa de Bolívar, quien empieza a ser Libertador, gana el estilo moderno, las virtudes y la gracia intelectual del joven líder que será Padre de la Patria, pero su influencia es débil en la confrontación práctica con el prestigio arrollador de Bóves.

Para los llaneros, el temible Bóves personificaba una opción preferible a la de los dirigentes que hablan de abstracciones y novedades peligrosas: derechos, libertad, Estado, justicia... el torrente de los explotados se vuelca tras el impecable y mesiánico caudillo que no ofrece teorías, sino satisfacciones concretas e inmediatas: pillaje, hartazgo, saqueo, ningún control en el deambular ni en las acciones sobre la sabana ilimite.

La Revolución, en estas dos primeras etapas, ha sido muy cautelosa respecto a los fundamentos socio- económicos del sistema colonial. Las novedades acordadas en estas áreas son para el beneficio de la burguesía criolla en ascenso, la cual, procurando ocupar el espacio vacío, así se nivela con los antiguos y desplazados dominadores procedentes de ultramar. Se eliminan las distinciones y títulos hereditarios, se suprime la preposición “de”en los apellidos; los tratamientos. Mejoró levemente la condición de los pardos, pero ellos, que constituían la incuestionable mayoría nacional, siguieron excluidos de los asuntos públicos de su país. Ninguna disposición, de las que se esperaba para derogar las viejas inequidades, llegó a dictarse.

Así fue la situación entre 1810 y 1814. Cuando Bolívar entra por los Andes en la Campaña Admirable, cree que todavía es posible confiar la suerte toda a los hechos de las armas, así como a los principios doctrinarios de un republicanismo ejemplar, pero remoto e indiferente a las urgencias materiales de nuestro pueblo. No vaciló en decretar la Guerra a Muerte, más nada dijo de terminar con la esclavitud y cancelar las injustas prácticas ancestrales.

En el balance de acciones y resultados de este difícil tiempo de la I y II República, la conclusión elocuente y cruda enseña que el sistema nuevo cae porque el pueblo lo abandona y lo hostiga, no lo defiende porque le es ajeno. No lo siente suyo porque hasta entonces se ha vivido en un despliegue retorcido de ideas y palabras sin contenido ni efectos tangibles.

Desde luego que el diseño revolucionario seguido por Bolívar desde el inicio hasta la oportunidad de su embarque en Carúpano, era incuestionablemente un esfuerzo de cambio que propendía a satisfacciones históricas muy hondas. El establecimiento de la libertad donde reinaba la tiranía y de la independencia donde siempre se había estado sometido a un poder ajeno y distante, el querer poner en marcha un régimen republicano, constitucional y democrático, era bastante para llenar una vida y proyectar una real superación en lo que hasta entonces era solo una colonia menospreciada.


Por lo demás, no se olvide que esa revolución política era de por sí muy difícil. Sin el resuelto respaldo de quienes debían ser sus sostenedores, nada se avanzaba en la ruta de la perfección pública.

Otra vez brillaba el talento expresivo de Bolívar al justificarse ante sus compatriotas por esta reincidencia en el desplome institucional.

Jamaica será lugar propicio para la meditación. Allí de momento cesa, en función de la distante insularidad, el torbellino caótico, vértigo de acción y pasión, que lo sacude a él desde 1812. Conceptualmente hablando, en Jamaica se cierra la parábola de Carúpano: todas las reflexiones de su perplejidad encuentran ahora una respuesta esclarecedora, capaz en lo delante de situarlo por el rumbo verdadero. En Jamaica se hace la luz. Bolívar entiende la razón de sus fracasos en una revolución que, sin menoscabo de su grandeza y trascendencia, ha sido parcial. Comprueba que el pueblo ha determinado un cambio que necesariamente empieza a producirse. Este cambio, generador del nuevo orden, a breve plazo se impondrá, cuando la revolución hable el lenguaje de las masas, y cuando las banderas de la república las sigan hasta los mismos partidarios de Bóves.

Bolívar deberá reconocer que en las filas del rey se ofrecía un atractivo mejor, el cual llegaba a resumir en cierto concepto de la libertad absoluta. Y su criterio de dirigente perspicaz, unido a la coherencia moral de su esfuerzo que anima a las metas de su acción, la lleva entonces a la ampliación sincerizadora y convincente del programa de la Revolución.

En el halagüeño y seguro camino de regreso a la rectificación y profundización revolucionarias, la escala será en Haití. Con la presencia cordial de Petión, que se traduce en la ansiada ayuda, Bolívar se pone en la ruta de completar en su esquema revolucionario.

Para pronto será el complemento social y económico de lo que, hasta allí ha enfatizado sólo en torno a lo político, jurídico e ideológico.

Las dos sustanciales iniciativas a la vista son: la abolición de la esclavitud y reparto de tierras.

Pronto él habrá de reforzar esta línea de consecuencia y profundización revolucionaria con la última medida que fue dirigida especialmente a los soldados y combatientes por la libertad, vale decir, el pueblo, porque, en Colombia el pueblo está en el Ejército, porque realmente está, y porque ha conquistado este pueblo de manos de los tiranos; porque, además, es el pueblo que quiere, el pueblo que obra, y el pueblo que puede.

Para 1818, los grupos populares estaban plenamente incorporados a la causa independentista.
 

Por: Juan Martorano Castillo Abogado y miembro emisora comunitaria Llovizna 104.7 FM.  Director de Ideología y miembro del Comando Táctico Regional (CTR) del MVR en el Estado Bolívar.  Cel.:0416-4861966.

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